Y los fonemas broncos o sibilantes con los que su lengua hace ruido al hablar
Álbum-Poemario-Sonoro de Anahís Monges junto a 4 Grados de Fuego
Escrito por Anahís Monges
Siempre ha sido un ritual, conjurar, hacer magia, alquimia, dejarme transformar, sacar un poema guardado, o sus restos, pero aquí, siempre semilla, improvisar, acompañar, voz revivida que se hace eco y canto en otros ojos, en otros cuerpos, en otras materias. Me permito temblar, me permito vibrar, enmudecer, temer la primera palabra, el primer sonido; pero entonces alguien más suena, una caja de ruido, una guitarra y sus efectos, alguna voz, un platillo rasgado, las cuerdas de un piano, ruidos, ruidos me despiertan, incitan y convocan, un tambor que palpita, el espacio está dado, abierto.
O tal vez estoy sola, y me escucho en detalle, microfonear mi voz, grabar, volver a escuchar. Todo eso es el proceso en el estudio, de compartir en colectivo, o sola. Quizá un texto al azar, quizá un texto de otro. Este álbum está compuesto por 3 textos propios y 2 que tomo prestados de un libro que trajo Adrián Pomontty al estudio al azar y hago con ellos lo que quiero o ellos hacen lo que quieren conmigo; escribir o conectar con un texto se vuelve también en una especie de oráculo que me habla, retorna su voz, su imagen, su sentir, ¿cómo suenan todas esas remembranzas, intuiciones, fuerzas, llamados de la palabra escrita ahora en mi voz?
La frase larga que titula al álbum es un fragmento del indicio 42 del libro del filósofo Jean-Luc Nancy, llamado 58 indicios sobre el cuerpo: “El cuerpo es el inconsciente: los gérmenes de los antepasados secuenciados en sus células, y las sales minerales ingeridas, y los moluscos acariciados, los pedazos de madera rotos y los gusanos que lo manducan cadáver bajo tierra o bien la llama que lo incinera y la ceniza que de ahí se deduce y lo resume en impalpable polvo, y la gente, plantas y bestias con las que él se cruza y se codea, y las leyendas de las nodrizas de antaño y los monumentos derrumbados recubiertos de líquenes y las enormes turbinas de las industrias que le fabrican aleaciones inauditas con las cuales se le harán prótesis y los fonemas broncos o sibilantes con los que su lengua hace ruido al hablar, y las leyes grabadas sobre lápidas y los secretos deseos de asesinato o de inmortalidad. El cuerpo toca todo con las puntas secretas de sus dedos huesudos. Y todo termina por hacer cuerpo, hasta el corpus de polvo que se junta y que danza un baile vibrante en el delgado haz de luz con el que acaba el último día del mundo”.
Ciertamente tendría que hablar de la danza, del movimiento, del cuerpo, de la voz hecha cuerpo vibrante y danzante, comprender la voz como cuerpo flexible y que se aproxima a un texto o a la palabra para dejarse mutar, afectar, vibrar, susurrar, deformar, enloquecer, gritar, cantar. La plasticidad de la voz, el tono, la garganta, la respiración, las repeticiones, las preguntas, los volúmenes e intensidades, todo eso construye un corpus que nos permite jugar con el resto de los sonidos, ruidos e instrumentos.
(1) Sólo siento el vacío como una liberación
Vaciar, dejar al desnudo la palabra, la idea, el cuerpo. Nada cubre, nada signa. El mundo se hace de nuevo. Para vaciar, lo lleno se desploma, un espacio se abre, libera, resignifica. Ocurre una muerte simbólica. Una disolución, una desintegración.
Es el primer track del álbum, y el texto que leo es un poema de la escritora venezolana Antonia Palacios, tomado de su libro Largo viento de memorias, y grabado en el 2022:
Todo se ha vuelto ceniza. Las curvas de la mañana apenas si las presiento. Acaso el sol ya se extingue y comienza a brotar la noche. Otro sol regresará por unos nuevos caminos que no puedo transitar. Estoy fija, detenida en desierta oscuridad. Hay una sombra de muerte que me llama en silencio. Sueño con los viajeros aquellos que se desplazan en una gran libertad. Pienso en los claros días el aire que se iba lejos y yo lo miraba escapar. Busco apoyo en lo vivido, escucho la huída del tiempo y sólo siento el vacío como una liberación. Tú llegaste sin sentirte, pusiste tu mano en mi pecho y yo comencé a temblar. Había perdido los gestos, la infinidad de mis gestos. Quise abrir ancho mis brazos, reconstruir aquel abrazo que circundaba tu cuerpo. Todo era forma cerrada dura, sin extensión. Sentí cómo te escapabas y comencé a clamar por la muerte. Perdida quedó tu imagen ya nada me acercaba a tí, todo ha quedado lejos. Busco la fortaleza donde aprisioné tu imagen y en el regazo del llanto yo comencé a sollozar.
Escuchar Sólo siento el vacío como una liberación
(2) Regazo
Texto que escribí en noviembre del 2022 y grabamos ese mismo año. Es un poema de amor, para recibir, crear, contener, amar. Mi cuerpo cúpula es parecido a la noche, a los árboles, habitantes y contenedores de hábitat. Se hace cóncavo como la tierra ante la semilla. Es el cuerpo como membrana interconectada, uno, múltiple, desintegrado en el todo, en otro cuerpo.
te hice un cuenco
¿recuerdas?
te hice un cuenco
donde reposaras tus vértebras
donde incendiabas el alma
te hice un cuenco
donde el follaje
se entrecruzaba como una ilusión
y los bordes del paisaje mostraban
lo que no tiene fin
la extensión de los cuerpos
en lo oscuro
el borde de mi piel
es el borde de la noche
el brillo de ciertos insectos
mirando
entre el cuerpo de los árboles
te hice un cuenco
donde cabíamos
y tú descubriste la niebla
en lo profundo de la cúpula.
Escuchar Regazo
(3) Pálpito
Es un poema que escribí en 2020 y grabamos en el 2022. Es impulso, germen de lo placentero; es una iniciación ante el mundo que se experimenta, a la intuición, a ser mujer. Aullido era su primer nombre, el sonido de lo que emerge desde alguna entraña. Un llamado genuino a ser todo lo sutil, cargado de vida.
he suspendido todo el aliento
aullaba con sonidos de tarántula
que me arqueaban las venas
los huesos
supe del contacto
de la niebla
en mis resquicios
abrí mis ojos,
hinqué mis dientes
y adquirí la leche lunar
que era negra
como mi sombra
acaricié en círculos
mi entrecejo
con mis dedos,
aclaraba mi intuición
como
quien se aclara la garganta
fui engullida
por la carnosidad
de ciertas flores
- ¡quiero
que una dama
de la noche me coma!
susurraba a la noche estremecida
no había lucha ya
hablaba
de la carne
que se enternece
el mecer
de ciertas olas
el crujir de ciertos pasos
era un pálpito poroso
me vertía
me chorreaba
me complacía
las pequeñas sensaciones
me invaden
me incitan:
he suspendido
todo
el aliento,
aullaba
con sonidos
de tarántula
que
me
arqueaban
las venas
y
también
los huesos
Escuchar Pálpito
(4) Los poros
Nuevamente el cuerpo, la piel, lo sensitivo. Una filosofía de la porosidad; muy en sintonía con la filósofa y bailarina Sonia Sanoja hablando de un cuerpo que tamiza el aire.. “...el aire nos atraviesa y hace de eje, otra dimensión nos invade.. es más grande que nosotros...” En este poema tal vez la lluvia es la que atraviesa, sentir la lluvia, ser la lluvia, potencia, habla acuática a través de la piel. Escrito en 2017 aproximadamente, grabado en 2021:
Los poros son como papilas gustativas que descifran la continuidad del movimiento. Las semillas caen sobre los libros que quieren tragarlas. Y la lluvia junto al viento, ha desatado una estampida de fulgurosas criaturas escapándose blancas, espumosas, centelleantes, fervientes. Volando transgreden el espacio. Atiborradas de tanto poder se entrechocan, se abalanzan sobre el pavimento y sobre las pieles de quienes miran: expectantes de la fugacidad del agua, de la fogosidad también. Los elementos se manifiestan. Y la tierra hace temblar las rodillas. Empoderar las manos. Liberar las voces que como rastrojos de pájaros acuáticos, subterráneos; se entorchan, abren espacio, dilatan, acrecientan las calderas, aminorando el silencio... aliento fuego, aliento agua… Los ríos de bocas vibratorias estremecen el aire. Y la vida palpita refrescada, conmovida, sacudida; como si se hubiese disminuido el ego con tan sólo mojarlo. Las furias se apaciguan y van cayendo de a poco por los drenajes. La distancia majestuosa se encoge de hombros y empiezan a florecer eléctricas las sensaciones con la lluvia que se adhiere a los rostros.
Escucha Los poros
(5) Y el soplo de la noche se confunde con el alba
Comprender la existencia desde un descenso a la propia vida, oscura, abismal, terrenal, infra humana. El descenso como dispositivo hacia lo que sube. La interacción humana entre cielo y tierra, un salto que eleva, suspende y cae. Saltar es la posibilidad de conectar con el cuerpo, rebotar es una técnica somática para entrar, reconectar y habitar la propia corporalidad. Remover. Arriba y abajo; en el medio: lo humano.
El texto que interpreto es de Antonia Palacios, que grabamos en el 2022:
¿Por qué no desciendes? ¿Por qué no subes? ¿Estás abajo? ¿Estás arriba? ¿Qué suelos te han sido negados? Baja, desciende, doliente, sombra, tan quieta, tan callada. Nada importa el mirar, nada importa el roce, basta con ser de tierra, tierra sin cauce, donde el agua desborda y el soplo de la noche se confunde con el alba. No te quedes en las vísperas del día palpando quién sabe qué oscuridades. Salta. Salta por encima de lo crecido, tú, ciega, sin visión de horizonte. Salta.
Escucha Y el soplo de la noche se confunde con el alba
Y LOS FONEMAS BRONCOS O SIBILANTES CON LOS QUE SU LENGUA HACE RUIDO AL HABLAR (2025) Anahís Monges y 4 Grados del Fuego
Anahís Monges (Poemas, voz e interpretación)
*Tracks 1 y 5: Antonia Palacios (Poemas)
Oswaldo Flores (Percusión)
Keban Frías (Guitarra eléctrica)
Adrián Arias Pomontty (Percusión)
Jaime De Armas (Flauta)
Andrés Levell (Piano Preparado, Kalimba, Violín, Trompeta, grabación y edición
Disponible en Youtube - Spotify - Bandcamp – Apple Music
Fotografía: Jaimar Marcano
Anahís Monges
Caracas, 1988
moondanah_moon
4 Grados del Fuego
deciresdelcuerpo
circulo_movil
Poeta, bailarina y artista interdisciplinaria. Estudios en Comunicación Social, Letras, Danza Contemporánea, Artes escénicas y Danza Movimiento Terapia.
Forma parte de la agrupación 4 Grados del Fuego.
Participa en:
Y los fonemas broncos o sibilantes con lo que sulengua hace ruido al hablar (2025) Anahís Monges y 4 Grados del Fuego
Move (2023) Anahís Monges y 4 Grados del Fuego
Apaguen las máquinas (2025) 4 Grados del Fuego
Transfiguraciones (2023) 4 Grados del Fuego
La Yerba Santa (2022) 4 Grados del Fuego
Nigredo (2022) 4 Grados del Fuego








